Los Discípulos de Emaús: cuando se rompe el Pan

 






El fuego que nace cuando se rompe el Pan  

 (Lc 24, 13-35)

Pasos cansados sin esperanza,

recorren los restos de un camino,

de un sueño que no fue.

 

Hablaban…

vacío y silencio,

una herida de recuerdos.

Habían imaginado un Dios fuerte,

un Mesías glorioso,

un cielo que responda, a la gloria de los hombres.

 

En el camino sin consuelo, aparece.

Sin ruido, sin imponerse,

como una brisa que no interrumpe,

acompaña y espera.

 

Habla, despierta, provoca, desata. No una certeza,

la claridad de sus Palabras, son fuego y esperanza,

hacen arder el alma,

luz y consuelo,

recuerdos que vuelven.

 

Caminan absortos. La noche que caía. Emaús.

Lo sentaron sobre la mesa compartida.

Y entonces, en un gesto sencillo, el Peregrino,

en el Pan partido, la entrega callada…

Lo reconocieron.

 

No era el Dios que esperaban,

pero era el Dios que estaba.

Y en ese instante,

sus esquemas se rompieron

como el pan entre sus manos,

y sus ojos, por fin se abrieron.

 

Porque Dios no llega

como lo imaginamos,

sino como lo necesitamos.

Y solo el corazón que se deja partir,

reconoce al que se da.

Peregrino y Resucitado.

Cerca de Dios, aquel que lo busca en el desconcierto.

 

 


Una culpa, una herida: Fiesta de la Divina Misericordia


                                 


                                 Fiesta de la Divina Misericordia (Jn 20, 19-31)

Un recuerdo, una culpa, una herida antigua.

Los discípulos están encerrados. Las Puertas están bloqueadas. 

Hay miedo, desconfianza. Hay heridas abiertas por dentro. 


Y a la hora menos pensada… ahí, justo ahí, en ese encierro entra Jesús.

No cuando todo está resuelto.

No cuando la fe es fuerte.

Sino cuando todo está frágil.

Y todo parece perdido. 


Jesús aparece en medio del miedo y la duda. 

No espera a que Tomás crea, 

ni a que los discípulos estén en paz. 

Entra cuando están así. Dios siempre actúa…

Tampoco da discursos.

 No corrige. No exige.


Solo: les muestra sus heridas, memoria del amor y dolor.

Algo cambia por dentro. Es la fuerza del Amor entregado.

La herida dejó de doler… ya es un lugar de encuentro.


Aparece el consuelo, una fe distinta: la de Tomás, no perfecta, pero

mas verdadera.

Y Dios no eliminó la herida.

Cambió la forma de vivirla.

Y el silencio se volvió sonoro,

la esterilidad, fecunda.

Sobreabundó la vida.


Quizá se trata de acercarte así. Y empezar…

Quizá esa parte que solemos esconder…

no es un obstáculo,

sino el lugar exacto donde Él quiere entrar.


Nadie sufra por tener una herida.

Hay procesos que no se resuelven, se habitan.

Y Dios no se aleja de lo que duele…

se acerca más. Siempre lo hace…

Oremos, “Jesús, entra aquí”. 

No para que lo cambies todo de golpe,

sino para no vivir la herida en soledad.


Llamados a ser sanadores heridos, 

Para acoger y reconciliar, 

Quizá muchos necesiten un espacio donde no tengan que esconderse.

Un corazón reconciliado y en paz.


Allí está el Resucitado. 

Sus llagas no desaparecieron.

Se volvieron luz.

Y quizás…

haga lo mismo con nosotros, si lo dejamos habitar…



Santa Florentina y la Cuaresma: un tiempo para curar las heridas del corazón

 

Misa de fiesta en la Traslación de las Reliquias de Santa Florentina

Cuando el corazón humano está herido

Hay momentos en los que el corazón humano se siente desconcertado y disperso.

Vivimos rodeados de información, de tensiones sociales, conflictos personales, y muchas veces descubrimos dentro de nosotros mucho cansancio interior. Como si la vida estuviera llena de pequeñas heridas o si queremos realidades que nos hieren y no  sabemos cómo curarlas.

Por eso la Cuaresma tiene un sentido profundo: no es solo un tiempo de sacrificios exteriores, sino un tiempo para sanar el corazón.

En este contexto celebramos en Berzocana la fiesta de la traslación de las reliquias de Santa Florentina, una mujer cuya vida nos recuerda que incluso en medio de las dificultades Dios puede transformar nuestras heridas en caminos de gracia.

El Evangelio proclamado en esta celebración, la parábola del fariseo y el publicano (Lc 18, 9-14)  nos recuerdan y dan testimonio, que la sanación comienza cuando el ser humano se atreve a presentarse ante Dios con verdad.

Jesús, el médico del corazón humano

Los primeros cristianos tenían una expresión muy hermosa para referirse a Cristo: “Cristo médico” que ha venido para sanar la vida humana.

Cuando recorremos los Evangelios descubrimos que Jesús sana de muchas maneras.

A veces sana con su voz. Recordemos al ciego Bartimeo, sentado al borde del camino.
Jesús se detiene y le pregunta: “¿Qué quieres que haga por ti? Jesús pronuncia una palabra que cambia su vida: “Recobra la vista”. Jesús sana acercándose a quienes estaban heridos o rechazados,  pensemos en Mateo o en  Zaqueo, el publicano despreciado por todos, a quien Jesús le dirigió la palabra ddiendole: “Hoy quiero hospedarme en tu casa”.

En otras ocasiones Jesús sana toca el cuerpo enfermo, hace barro y unta los ojos al ciego de nacimiento,  pero si nos preguntamos en el fondo ¿cómo sana Dios? Nos damos cuenta que los evangelios dan testimonio de que sana sobretodo con su “presencia”

Jesús sana con su presencia.

La presencia de Dios sana

La figura de Santa Florentina, cuya memoria celebramos en Berzocana, es también un ejemplo de este proceso interior, de vivir en la presencia de Dios, de Jesucristo, de vivir inhabitada por la Trinidad Santa, en la presencia de aquel que la amaba,  que le dio la fuerza para sacar adelante a sus hermanos, ser guía como abadesa de muchas jóvenes.

Dios le dio la gracia, de transformar esas heridas en un lugar de encuentro con Él. Por eso la Iglesia venera sus reliquias.

No porque tengan un poder mágico, sino porque pertenecieron a una vida profundamente habitada por Dios. Los santos son eso: personas cuya vida nos recuerda que la presencia de Dios puede transformar el corazón humano, y glorificar la carne como en la Resurrección.  

Un camino cuaresmal para sanar el corazón

Que Santa Florentina, amiga de Dios, interceda por nosotros para que en esta Cuaresma aprendamos a vivir en la presencia del Señor.

Porque donde está Cristo, el corazón humano encuentra siempre un camino de sanación, dignidad y esperanza.

 

De la pastoral de la salud al acompañamiento comunitario digital

 




Una reflexión sobre la soledad no deseada y el origen de un nuevo proyecto

A lo largo de estos últimos años, gracias a la experiencia de vivir en un pueblo de alrededor de 300 habitantes y acompañar a varias familias en situaciones diversas, he podido constatar al entrar en contacto directo con una realidad que se repite de formas diversas, pero con un mismo trasfondo: la experiencia de la soledad no deseada. Personas mayores, enfermas, viudas, cuidadores agotados, hombres y mujeres que viven en pueblos pequeños o en entornos aparentemente acompañados, llevando en su interior el peso de: sentirse solos, invisibles o desconectados.

Este blog nació como un espacio donde unir fe, psicología y resiliencia, con el deseo de ofrecer palabras, reflexiones y claves que ayudaran a cuidar la salud integral de las personas. Muchas de las entradas aquí publicadas han abordado, de manera directa o indirecta, el sufrimiento emocional, la fragilidad humana, la búsqueda de sentido y la necesidad de vínculos significativos. Con el paso del tiempo, se ha hecho evidente que la soledad no deseada atraviesa silenciosamente muchas de estas experiencias.

La soledad no deseada no es simplemente estar solo. Es sentirse solo aun estando acompañado. Implica un gran sufrimiento. Es la vivencia de no ser tenido en cuenta, de no ser escuchado, de no encontrar un lugar donde la propia vida tenga eco. Desde la pastoral de la salud, esta realidad aparece con frecuencia asociada al deterioro físico, a la pérdida de roles sociales, a los cambios vitales bruscos o a la falta de redes de apoyo estables. Pero también se manifiesta en personas jóvenes aparentemente activas, conectadas digitalmente, que navegan por internet buscando algo que no siempre saben nombrar.

Durante la realización del Diplomado en Pastoral de la Salud que promocionan los Padres Camilos avalados por la Universidad Ramon Llull, esta intuición pastoral se fue concretando en el trabajo final realizado, centrado en el análisis de la soledad no deseada en entornos comunitarios. Dicho trabajo puso de relieve la necesidad de pasar de la mera constatación del problema a la creación de estructuras de acompañamiento, prevención y análisis, capaces de sostener procesos a medio y largo plazo. No bastan gestos puntuales ni respuestas improvisadas: la soledad exige escucha, continuidad y una mirada más sistemática.

A partir de esa reflexión académica y de la experiencia cotidiana como párroco, comenzó a tomar forma la idea de un Observatorio Digital de Soledad No Deseada en Entornos Comunitarios. Un proyecto que comienzo a realizar en su implementación, este proyecto no surge como una ruptura con lo vivido hasta ahora, sino como una evolución natural. El objetivo es integrar la experiencia pastoral, la reflexión teológica y psicológica, y las posibilidades que ofrecen los entornos digitales para comprender mejor esta realidad y proponer respuestas más ajustadas a las personas y a las instituciones.

En esta fase inicial, este blog se convierte en un espacio puente. Por un lado, recoge el camino recorrido en el ámbito de la pastoral de la salud y la resiliencia; por otro, abre la puerta a una reflexión más estructurada sobre la soledad no deseada, incorporando progresivamente una mirada comunitaria y digital. Aquí se irán presentando las bases conceptuales del proyecto, así como el trabajo académico que le da origen, como forma de justificar su necesidad y su sentido.

El entorno digital no sustituye al encuentro personal, pero puede ayudar a detectar patrones, visibilizar realidades ocultas y conectar a personas e instituciones que comparten una misma preocupación. En un mundo cada vez más conectado y, paradójicamente, más fragmentado, se hace necesario pensar el acompañamiento también desde estos espacios, sin perder la profundidad humana y espiritual que le da sentido.

Con esta entrada no pretende cerrar la reflexión, sino abrir un camino. Un camino que nace de la escucha, del acompañamiento y del compromiso con las personas que sufren la soledad no deseada.

Un camino que busca unir fe, psicología y comunidad, y que se irá desarrollando paso a paso, con rigor, humildad y esperanza.

 



El Siervo de Dios Don José Vicente Aranda Garabato y su Vínculo con las familias del Puerto (Genealogía)

 





I. Primera generación documentada: los abuelos comunes

Juan Aranda —natural de Getafe (Madrid)—
casado con Petra Ruiz —natural de Laredo (Santander)—

De este matrimonio nacieron, entre otros hijos:

1.     Joaquín Aranda Ruiz (nacido el 29 de agosto de 1843, en el Puerto de Santa Cruz, Cáceres).

2.     José Aranda Ruiz (fecha aproximada de nacimiento: entre 1845 y 1850, en Herguijuela, Cáceres).

Ambos hermanos trasladaron sus familias entre Herguijuela y el Puerto de Santa Cruz, dejando descendencia que hoy sigue viva en el pueblo.

II. Segunda generación: los hijos de Joaquín Aranda Ruiz y María Josefa Garabato Retamosa

Joaquín Aranda Ruiz, hijo de Juan Aranda y Petra Ruiz, contrajo matrimonio con María Josefa Garabato Retamosa, natural de Herguijuela (Cáceres), hija de Pedro Garabato y María Rosa Retamosa, ambos también de Herguijuela.

De este matrimonio nacieron los siguientes hijos:

1.     Juan José Aranda Garabato, bautizado en 1873.

2.     Petra Nemesia Aranda Garabato, bautizada en 1874.

3.     Mariana Manuela Aranda Garabato, bautizada en 1876.

4.     José Vicente Aranda Garabato, nacido en 1879. Siervo de Dios.

5.     Juan Ramón Aranda Garabato, nacido hacia 1883.

6.     María Aranda Garabato, nacida hacia 1885.

7.     Miguel Ángel Aranda Garabato, nacido hacia 1888.

Esta rama constituye la línea directa del Siervo de Dios y representa el tronco principal del linaje Aranda Garabato–Retamosa, vinculado desde su origen con Herguijuela y el Puerto de Santa Cruz.

III. Tercera generación: los hijos de José Aranda Ruiz y Mercedes Ruiz Delgado

José Aranda Ruiz, hermano de Joaquín Aranda Ruiz, casó con Mercedes Ruiz Delgado, natural del Puerto de Santa Cruz.
Ambos aparecen como padres en los registros parroquiales de Herguijuela y el Puerto.

 

De este matrimonio nacieron:

1.     Manuel Constantino Aranda Ruiz, bautizado en 1885 (Libro 10, pág. 47).

2.     Matías Hilario Aranda Ruiz, bautizado en 1888 (Libro 10, pág. 46).

José Vicente Aranda Garabato y Manuel Constantino Aranda Ruiz fueron primos hermanos, al compartir los mismos abuelos paternos: Juan Aranda y Petra Ruiz.

IV. Cuarta generación: descendencia de Constantino Aranda Ruiz

Manuel Constantino Aranda Ruiz contrajo matrimonio con Petronila García López, y de esta unión nacieron:

1.     Petra Juana Aranda García, bautizada en 1907 .

2.     Celestino Valeriano Aranda García, bautizado en 1913 .

La línea de Constantino se estableció de manera permanente en el Puerto de Santa Cruz, convirtiéndose en la raíz de los actuales descendientes de apellido Aranda García, Cano Aranda y Delgado Mohedas.

V. Quinta generación: familias Cano, García, Delgado y Búrdalo

1. Hijo de Martín Aranda García (Descendiente directo de Constantino Aranda Ruiz)

  • Concepción Aranda Búrdalo
  • Agustín Aranda Búrdalo

2. Hijo de Antonina Aranda García (No contrajo matrimonio).

3. Hijos de Francisco Aranda García

  • Antonina Aranda García
  • Soledad Aranda García
  • Florentina Aranda García
  • Josefa Aranda García
  • Francisca Aranda García
  • María Luisa Aranda García

 

4. Hijos de Victoria Aranda García

  • Julia Cano Aranda
  • Fructuoso Cano Aranda
  • Antonina Cano Aranda

 

5. Hijos de Petra Aranda García

  • José Antonio Delgado Aranda
  • Aurelia Delgado Aranda
  • Antonina Delgado Aranda
  • María del Pilar Delgado Aranda

VI. Sexta generación: descendientes actuales en el Puerto de Santa Cruz

Entre los descendientes actuales que conservan la memoria y el vínculo familiar con el Siervo de Dios se encuentran:

  • Antonina Cano Aranda
  • Antonina Aranda García
  • Josefa Aranda García
  • Concepción Aranda Búrdalo
  • Agustín Aranda Búrdalo
  • Angelines Delgado Mohedas
  • José Antonio Muñoz Aranda

De Petra Aranda García desciende la familia Delgado Mohedas, cuyo testimonio se conserva a través de Angelines Delgado Mohedas, quien recuerda haber escuchado en su niñez referencias al “tío que se fue a las misiones”, en alusión al Siervo de Dios Don José Vicente Aranda Garabato.

VII. Síntesis genealógica general

Generación

Persona / Rama

Relación con el Siervo de Dios

Observación

Juan Aranda (Getafe) y Petra Ruiz (Laredo)

Abuelos comunes

Origen de ambas ramas

Joaquín Aranda Ruiz / José Aranda Ruiz

Padre y tío paterno

Hermanos

José Vicente Aranda Garabato / Manuel Constantino Aranda Ruiz

Primos hermanos

Nexo entre ramas

Petra Juana y Celestino Valeriano Aranda García

Sobrinos segundos

Raíz de la familia del Puerto

Concepción, Agustín, Antonina, Josefa, Angelines, etc.

Tatarasobrinos

Descendencia viva en el Puerto

Jóvenes descendientes actuales

Quinto grado colateral

Portadores de la memoria familiar

 

 

 

VIII. Conclusión

El estudio genealógico confirma que las familias Aranda García, Cano Aranda, Búrdalo Aranda y Delgado Aranda, residentes hoy en el Puerto de Santa Cruz, proceden directamente de la rama colateral del Siervo de Dios Don José Vicente Aranda Garabato, compartiendo los mismos abuelos fundadores: Juan Aranda y Petra Ruiz.

Por tanto, estas familias pueden ser reconocidas como parientes consanguíneos de segundo y tercer grado del Siervo de Dios, y su testimonio constituye una memoria viva y valiosa para la Causa de Beatificación, al custodiar tanto los recuerdos orales como los documentos y devociones que mantienen presente la santidad y el ejemplo de Don José Vicente Aranda Garabato.

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