El fuego que nace cuando se rompe el Pan
(
Pasos cansados sin esperanza,
recorren los restos de un camino,
de un sueño que no fue.
Hablaban…
vacío y silencio,
una herida de recuerdos.
Habían imaginado un Dios fuerte,
un Mesías glorioso,
un cielo que responda, a la gloria de los hombres.
En el camino sin consuelo, aparece.
Sin ruido, sin imponerse,
como una brisa que no interrumpe,
acompaña y espera.
Habla, despierta, provoca, desata. No una certeza,
la claridad de sus Palabras, son fuego y esperanza,
hacen arder el alma,
luz y consuelo,
recuerdos que vuelven.
Caminan absortos. La noche que caía. Emaús.
Lo sentaron sobre la mesa compartida.
Y entonces, en un gesto sencillo, el Peregrino,
en el Pan partido, la entrega callada…
Lo reconocieron.
No era el Dios que esperaban,
pero era el Dios que estaba.
Y en ese instante,
sus esquemas se rompieron
como el pan entre sus manos,
y sus ojos, por fin se abrieron.
Porque Dios no llega
como lo imaginamos,
sino como lo necesitamos.
Y solo el corazón que se deja partir,
reconoce al que se da.
Peregrino y Resucitado.
Cerca de Dios, aquel que lo busca en el desconcierto.

