El nombre luminoso de Santa Cruz de la Sierra

 


 


En este día especial, en el que celebramos la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, es un momento perfecto para recordar el origen de nuestro querido pueblo, Santa Cruz de la Sierra, un lugar que lleva en su nombre el signo de la Redención.

Las crónicas nos llevan al año 1681, cuando Fray Luis de Jesús, en su Historia General de los Agustinos Recoletos, narra el origen de esta villa extremeña. Según la tradición, Santa Cruz de la Sierra se erige a los pies de una sierra que una vez albergó una colonia romana. Pero el nombre que hoy pronunciamos con orgullo no surge solo de sus antiguas raíces, sino de un acontecimiento extraordinario: en algún momento desconocido, los habitantes de esta tierra vieron en el cielo la imagen de la cruz, la misma cruz que hoy celebramos, signo de nuestra fe y esperanza.

 Es significativo que esta visión no solo marcara a quienes la presenciaron, sino que trascendiera generaciones, llegando hasta nosotros como un legado de fe viva. El nombre de Santa Cruz no es simplemente una denominación, sino un recordatorio constante del amor que se consumió en la cruz por nosotros, un amor que nos sigue guiando a través de los siglos.

 Hoy, mientras nos reunimos para celebrar la Exaltación de la Cruz, no podemos olvidar que este símbolo que veneramos fue también el signo que guió a nuestros antepasados en tiempos de lucha y esperanza. La historia de Santa Cruz de la Sierra está íntimamente ligada a la Reconquista cristiana. Fue en tiempos del rey Fernando III, “El Santo”, cuando este pueblo, ya numeroso y próspero, fue liberado del dominio musulmán, recuperando así su identidad cristiana. En aquellos días de incertidumbre y sacrificio, fue la cruz la que se alzó como señal de victoria, no solo sobre los enemigos de la fe, sino sobre el mal, el sufrimiento y la muerte.

Ayer, en las vísperas de la Fiesta, mientras se consumían los chozos al paso de la cruz, la tierra misma de Santa Cruz de la Sierra parece recordaba nuestra caducidad por el paso del tiempo, invitados a ser transformados y a vivir la vida nueva de Cristo.

El origen del nombre de nuestra villa nos invita a mirar al cielo, como hicieron aquellos primeros testigos, y encontrar allí no solo un signo milagroso, sino la promesa de una vida nueva, marcada por la cruz, pero también por la esperanza de la Resurrección.

En este 14 de septiembre, mientras celebramos la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, recordemos que Santa Cruz de la Sierra no es solo un lugar en el mapa; es un espacio sagrado, donde la fe ha echado raíces profundas, y donde cada habitante es parte de una cadena de creyentes que, a lo largo de los siglos, han mirado hacia el cielo en busca de la luz de Cristo.

Que esta fiesta sea para todos nosotros un recordatorio de que la cruz que veneramos no es un símbolo de muerte, sino de vida, y que en ella encontramos nuestra fortaleza, nuestra identidad y nuestra esperanza.






El Significado de la Espiritualidad de Comunión y Participación en la Vida de Nuestra Comunidad Parroquial

 

Himno a la Virgen de Guadalupe, cantado por los fieles del Puerto en la Novena.

La Iglesia es un misterio de comunión y participación, una comunidad de fieles, de hermanos en la fe, que, bajo la orientación del Espíritu Santo y sus Pastores, comparten la vida y caminan hacia el encuentro del Señor.

Nuestras parroquias pertenecientes a la Diócesis de Plasencia, compuestas  por los pueblos de Santa Cruz de la Sierra, Puerto de Santa Cruz, Abertura y Villamesías, son esa realización concreta del misterio de la Iglesia reflejo de esa realidad de comunión y amor de Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Estamos a punto de celebrar a la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de los Pueblos de Extremadura y de todos los cristianos, y la queremos invocar con un tierno pero sincero propósito de unirnos más a su Hijo, en el inicio de este curso, para que ruegue por nosotros.

Ella, cuya vida es testimonio de humildad y servicio, nos invita a ser una gran familia, una comunidad unida en el amor a Cristo, siempre dispuesta a imitar las actitudes de su Maestro, dispuesta a recibir y acoger a cuantos, se vayan uniendo a nosotros en esa búsqueda de ver el rostro de Dios.

Agradecidos a los que vinieron antes que nosotros

Antes de pensar en nosotros mismos y lo que queremos, debemos agradecer y alabar a aquellos que, con gran esfuerzo y trabajo duro, han mantenido viva la vida de nuestras parroquias a lo largo de los años.

Ellos, nuestros antepasados, eran piedras vivas que, con fe sencilla pero terca, construyeron estos templos, no como construcciones de piedra, sino como templos en los cuales Dios habita en medio de su Pueblo.

Ellos y ellas, que han trabajado en nuestras parroquias en el culto litúrgico, caridad, catequesis, música, adoración nocturna, visitando a los enfermos, dedicados a la sacristía y la limpieza de la iglesia, son los que han sembrado la semilla de nuestra fe.

Ahora, gracias a ellos, hemos sido bendecidos con una comunidad vibrante, unida y en constante desarrollo que hoy podemos disfrutar y celebrar. Valoramos su entrega e inspirados por su testimonio trabajemos unidos durante este curso.

Invitación a la comunión y misión

En la fiesta de la Madre de Extremadura, se nos invita a no conformarnos con lo logrado, sino a soñar más grande y trabajar por una espiritualidad de comunión y participación en nuestros Pueblos. Este es el sueño de Dios, Él sueña con nosotros, discípulos y misioneros, que reconciliados, alegres y unidos demos frutos abundantes para la gloria de Dios nuestro Padre.

Al iniciar el curso, recordemos que cada pequeño gesto de participación es una semilla que el Señor hará crecer, y juntos, como una gran familia en la fe, podremos ser un signo de esperanza y amor para todos.

¡Feliz fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe! ¡Buen inicio del Curso!












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