En este día especial, en el
que celebramos la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz,
es un momento perfecto para recordar el origen de nuestro querido pueblo, Santa
Cruz de la Sierra, un lugar que lleva en su nombre el signo de la Redención.
Las crónicas nos llevan al año 1681, cuando Fray Luis de Jesús, en su Historia General de los Agustinos Recoletos, narra el origen de esta villa extremeña. Según la tradición, Santa Cruz de la Sierra se erige a los pies de una sierra que una vez albergó una colonia romana. Pero el nombre que hoy pronunciamos con orgullo no surge solo de sus antiguas raíces, sino de un acontecimiento extraordinario: en algún momento desconocido, los habitantes de esta tierra vieron en el cielo la imagen de la cruz, la misma cruz que hoy celebramos, signo de nuestra fe y esperanza.
Ayer, en las vísperas de la Fiesta, mientras se consumían los chozos al paso de la cruz, la tierra misma de Santa Cruz de la Sierra parece recordaba nuestra caducidad por el paso del tiempo, invitados a ser transformados y a vivir la vida nueva de Cristo.
El origen del nombre de nuestra villa nos invita a mirar al cielo, como hicieron aquellos primeros testigos, y encontrar allí no solo un signo milagroso, sino la promesa de una vida nueva, marcada por la cruz, pero también por la esperanza de la Resurrección.
En este 14 de septiembre, mientras celebramos la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, recordemos que Santa Cruz de la Sierra no es solo un lugar en el mapa; es un espacio sagrado, donde la fe ha echado raíces profundas, y donde cada habitante es parte de una cadena de creyentes que, a lo largo de los siglos, han mirado hacia el cielo en busca de la luz de Cristo.
Que esta fiesta sea para todos nosotros un recordatorio de que la cruz que veneramos no es un símbolo de muerte, sino de vida, y que en ella encontramos nuestra fortaleza, nuestra identidad y nuestra esperanza.
