Quienes se adentran en el otoño de la vida pueden apreciar los desafíos que pueden ir apareciendo, a veces difíciles de manejar. Conviene recordar, que cada persona experimenta estas situaciones de una manera única y personal.
Exploremos juntos algunos desafíos y actitudes a considerar. ¡Bienvenido, querido lector al apasionante mundo del acompañamiento!
Esos desafíos podrían incluir:
- La pérdida de la actividad laboral a causa de la jubilación.
- La pérdida de roles sociales, tanto en el ámbito familiar, amical o comunitario.
- La pérdida de la propia casa, para trasladarse a casa de un hijo o a una residencia de ancianos.
- La pérdida de un poco de privacidad a causa de alguna enfermedad. La muerte de coetáneos, amigos o familiares.
- La pérdida de salud (dificultades con la vista, el oído, la movilidad, etc.).
- La pérdida de la cercanía por parte de las personas queridas, porque están distantes o retenidas por otros compromisos.
- Incluso podemos experimentar la pérdida de las ganas de vivir.
La Palabra de Dios
nos ilumina con imágenes positivas de la vejez
Es reconfortante ver
cómo la Sagrada Escritura retrata la vejez como un tiempo de fructificación,
descubrimiento y espiritualidad. Los
ejemplos de personajes como Abrahán y Sara, Zacarías e Isabel, Simeón y Ana nos
muestran el valor y la hermosura que puede encontrarse en el proceso de
envejecer.
Es
importante recordar que la vejez no marca simplemente el final de la vida, sino
que puede ser un período lleno de bendiciones, reflexión profunda y síntesis.
Nos invita a mirar con gratitud y sabiduría este capítulo dorado de nuestras
vidas.
Algunas actitudes de
nuestros Mayores ante el declinar en las Residencias
· Cuando visitamos a
nuestros hermanos mayores,
vemos de primera mano las diferentes formas en que lidian con ese constante
sentimiento de pérdida. Algunas de estas son:
· La resignación, luz brillante de fuerza y aceptación;
· La agresividad u hostilidad, a menudo
hacia los seres queridos o el personal médico, es su forma de luchar.
· La desconfianza o
sospecha hacia los demás
y lo que quieren; que es una llamada a entenderlos y empatizar.
· El sentirse víctimas
respecto a su destino o
tener actitudes negativas hacia las instituciones; una manifestación más.
Algunas actitudes de
nuestros Mayores que nos inspiran en las Residencias
Junto
a estas actitudes, que son más notables en algunos mayores, encontramos a otros hermanos que
se presentan tranquilos, llenos de gratitud, humildes y siempre con una sonrisa
en el rostro.
Se
pueden identificar ciertas características personales que ayudan a un
envejecimiento más saludable y a causar menos dolor a los demás.
·
Muchos mantienen una
actitud abierta, curiosa
y tolerante, frente a su entorno, siempre adornada con una sonrisa y un
espíritu optimista.
· Otros cuidan el
cuerpo, la salud física, caminan
y hacen ejercicio constante, una nutrición equilibrada evitando hábitos dañinos
como fumar y consumir bebidas nocivas.
· En el vasto océano
de nuestras emociones, liberan su energía interior compartiendo risas y
lágrimas. Fortalecen los
vínculos afectivos con los demás y valoran la importancia vital de los
sentimientos.
· Muchos mantienen
vínculos saludables con los amigos que
hacen a su paso, participan activamente en los cantos, talleres, ejercicios y
eventos religiosos y sociales.
·
Entregados a la
oración; dan testimonio
de su fe y expresan gratitud por cada visita y bendición recibida.
El problema de la
Soledad
Aunque algunos de
nuestros mayores puedan sentirse solos, incluso en medio de la compañía, es importante recordar que no todos
experimentan esta desolación.
Sin
embargo hay que reconocer de que tanto para el anciano que reside en una
Residencia como para aquel que vive solo en casa, la soledad puede ser una
experiencia intensa. ¿en donde está el problema?
El verdadero desafío
radica en transformar la experiencia del desamor que perciben tanto quienes están en las Residencias como
en sus hogares, en una oportunidad para el amor y la conexión.
Las quejas que oímos
suben a la presencia de Dios y exigen una respuesta de nuestra parte.
Algunos
exclaman: “nadie me quiere, no sirvo, quisiera morirme, que el Señor me lleve”.
Recordemos siempre
brindarles nuestro cariño y atención,
porque cada visita puede iluminar su día e infundirles esperanza.
En la soledad se engendra miedos, veamos algunas manifestaciones:
·
Se teme enfermar: Si me enfermo, no tendré a nadie a mi
lado y podría morir sin que nadie se dé cuenta.
·
Miedo a la perdida
de las relaciones sociales:
Antes todos me llamaban ahora nadie me llama.
·
A la infravaloración
personal: Ya no sirvo
para nada, me siento un estorbo.
·
A la falta de
autonomía. Es mejor morir
a estar dependiendo de todos. A la sensación de soledad
· A la exclusión, todos me ignoran y descalifican, me
hacen ver que no se nada porque estoy viejo.
·
A sentir abandono: Siento que nadie se preocupa por mí,
me siento desprotegido, solo.
· A la
responsabilidad: Siento
como si me tratasen de tonto. Todos parecen saber qué es lo mejor para mí. Ante
esto, preferiría enfrentarme solo a la muerte. Me siento infravalorado. Etc.
Conclusión
Que
es fundamental brindar amor y atención a aquellos que se sienten solos y
excluidos. Cada visita, cada gesto de cariño puede hacer una gran diferencia en
sus vidas y llenarlas de esperanza. Debemos recordar que el miedo a la
enfermedad, la pérdida de relaciones sociales, la infravaloración personal, la
falta de autonomía y la sensación de soledad son manifestaciones comunes en
aquellos que se encuentran solos. Es importante demostrarles que no están
solos, que son valorados y apreciados. Debemos entender su sentir y brindarles
el apoyo emocional necesario para ayudarles a superar estos temores y encontrar
un sentido de pertenencia. No dejemos que se sientan abandonados o
desprotegidos, estemos ahí para ellos en cada paso del camino.